Queremos compartir contigo una carta que podríamos enviar a muchos empresarios y que será de tu interés. Trata de la quiebra del Banco Popular y las reflexiones que podemos sacar de nuestra relación con los bancos.

 

Apreciado Manuel,

Quizás te parecerá extraño que te escriba una carta en los tiempos que corren de mensajes breves y rápidos. Pero sentía la necesidad de poner por escrito algunas ideas a raíz de la situación que estás viviendo en estos últimos días. Andas como siempre muy atareado, apenas tienes tiempo para reflexionar y he pensado que escribirte una carta, a la vieja usanza, que debas abrir y leer sentado en tu despacho, seguramente cuando la ajetreada jornada haya terminado, sería una buena opción. Aunque sé que te gustan las nuevas tecnologías, recibir una carta te trasladará quizá a tus tiempos de juventud, cuando arrancaste la empresa hace ya unos años, valorarás el camino andado y todo lo que has conseguido, y ojalá borres un poco la preocupación que ahora te atenaza.

Recuerdo la última vez que hablamos. Parece que fue ayer pero ha pasado ya un año. Era mayo de 2016 y, previendo los siempre complicados meses de verano, con un cúmulo de pagos (el IVA de julio, la Seguridad Social, los proveedores, la paga doble a los trabajadores…) combinados con el bache en ingresos que habitualmente tiene tu sector en esta época, solicitaste un crédito a nuestra plataforma, tal como te había recomendado un consultor que os asesora. Te respondimos al cabo de tres días con la operación autorizada pero nos contestaste que nos esperáramos cuatro o cinco semanas, ya que no necesitabas todavía el dinero. En realidad, nos pedías este tiempo para esperar la oferta de tus bancos habituales, a los que también les habías solicitado el crédito y ya conocías sus habituales largos plazos de respuesta. No te importaba tener que esperar unas semanas si con ello podías conseguir un mejor tipo de interés para el préstamo que estabas buscando.

 

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Al cabo de casi dos meses, ya entrado el mes de julio, nos hiciste saber que, de las ofertas que tenías sobre la mesa, habías preferido la del Banco Popular a la nuestra. Nos agradecías la diligencia con la que te habíamos respondido pero nos comentaste que el tipo de interés del banco era menor y que por eso preferías hacer el préstamo con ellos. Como empresario, siempre te ha gustado negociar el precio con tus proveedores ya que el margen es importante para tu empresa, y aplicas el mismo criterio también a la hora de buscar financiación: trabajas con quien te dé el mejor tipo de interés.

El resto de la historia ya la sabes. Formalizaste el préstamo con el banco, con un tipo de interés muy atractivo, pero con unas condiciones adicionales. La primera no te extrañó porque estabas acostumbrado: tuviste que suscribir un seguro de vida asociado al préstamo. La prima te pareció cara aunque lo atribuiste a tu edad. Al cabo de unos meses coincidiste con un amigo común agente de seguros que te comentó el considerable sobreprecio que estabas pagando por dicho seguro. “No te fíes de los seguros bancarios: te obligan a suscribirlos como condición para firmar el crédito y además te los cobran más caros, así se ganan la vida”, te dijo.

No sé si entonces te acordaste de lo que habíamos hablado sobre el coste global de la financiación bancaria: el coste de un crédito bancario no es solo el tipo de interés, sino que hay que añadir todos los costes que representan las comisiones y la venta cruzada de productos que el banco condiciona a la concesión de dicho crédito. A este coste global de la financiación bancaria hay que añadir más costes, no directamente asociados a un crédito pero sí como consecuencia de la excesiva dependencia que una empresa tiene en un banco. Esta dependencia la hace víctima de todo tipo de comisiones y gastos por los servicios que la empresa utiliza, más allá del coste real que estos servicios tienen para el banco. Lo comentamos contigo hace un año cuando me contabas la importante operativa de comercio exterior que realizabas (las importaciones de ciertos productos que haces de Asia y tus exportaciones a algunos países en desarrollo mediante cartas de crédito). Me volvías a insistir en lo baratas que tenías las líneas de financiación, porque te cobraban un interés muy bajo. Te expliqué lo hábiles que son los bancos para cobrar por todo tipo de conceptos cuando se trata de comercio exterior, algunas veces explícitos (comisiones por una larga retahíla de conceptos) y otras veces implícitos (tipos de cambio con diferenciales excesivos, por ejemplo). Creo que a partir de entonces miraste un poco más lo que te cobraban pero no llegaste a calcular cuánto representaba de sobrecoste. ¡Qué fácil es comparar el tipo de interés y qué poco el resto de costes bancarios.

Y por último, el mazazo del pasado 7 de junio. Encendiste la radio del coche aquella mañana y oíste la noticia: tu banco acababa de ser vendido al Santander por solo un euro. No acabaste de entender qué significaba aquello, al principio creíste que cada acción valía un euro, pero lo que leíste en la prensa digital era todavía peor y no albergaba dudas. Tu banco lo habían vendido por un solo euro y no valía ya nada. Era “tu banco”… porque por desgracia no solo estabas trabajando con el Popular como buen cliente sino que te habías convertido en accionista desde hacía poco menos de un año. La negociación del crédito del verano de 2016 con ellos fue algo más que una discusión sobre el tipo de interés. Junto al crédito, te invitaron a que suscribieras acciones en la ampliación de capital que estaban realizando y decidiste traspasar uno de los fondos de inversión que a título particular tenías (otra venta cruzada que te habían hecho en un anterior crédito). Pero no acabó aquí: te ofrecieron un importe superior al que solicitabas por si querías invertirlo en la ampliación. De golpe y porrazo, parte de tus ahorros personales se volatilizaban pero también tu empresa sufría un quebranto y además con una deuda pendiente de pagar. Sufriste la peor venta cruzada posible, y el coste real de aquel crédito que pediste ha sido finalmente el más alto que hubieras podido imaginar.

No te conozco lo suficiente para saber cómo te sientes ahora mismo pero estoy seguro que estás pasando unas semanas difíciles. Uno de los gestores comerciales de LoanBook me comenta que llamaste ayer y nos has remitido la documentación actualizada de la empresa para que estudiemos el crédito con el que sobrellevar los meses de verano. Me cuenta que tus palabras mezclaban la indignación por lo sucedido con el Banco Popular con las disculpas por no haber escuchado las razones que hace un año exponíamos para empezar a trabajar con LoanBook: la rapidez de respuesta, la ausencia de venta cruzada de productos, el coste global de la financiación (solo un tipo de interés y una comisión de gestión) y la tan necesaria diversificación de fuentes de financiación que las empresas españolas necesitan frente a la fuerte dependencia bancaria que las limita respecto a las del resto de países europeos.

No debes disculparte, Manuel. La financiación alternativa a la banca es todavía bastante desconocida en nuestro país y a muchos empresarios les cuesta empezar a trabajar con fuentes complementarias a sus bancos precisamente por desconocer sus ventajas. Pero estas fuentes están aquí para quedarse y alcanzar la importancia que ya en otros países tienen. En LoanBook continuaremos creciendo, dando cada vez más créditos de circulante a más empresas y consiguiendo la satisfacción de todas ellas. Lo sabemos porque nos lo dicen y porque, una vez nos prueban con un primer crédito, repiten y pasamos a formar parte de sus proveedores financieros habituales, junto a los bancos.

Estoy seguro que, como tantas otras veces, te sobrepondrás y tirarás adelante como siempre has hecho. En LoanBook te ayudaremos dándote una respuesta ágil cada vez que necesites financiación, con la transparencia en los costes y la simplicidad de no condicionar el crédito a la venta cruzada de productos.

Como sabes, vienen tiempos de profundos cambios, también en el sector bancario como lamentablemente te ha tocado sufrir. Pero para los empresarios como tú los cambios siempre han sido oportunidades para pensar diferente y descubrir alternativas. Me encantará que descubras LoanBook y formemos parte de este cambio.

 

Un afectuoso saludo,

 

Eloi Noya


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