¿Qué es el inmovilizado inmaterial? ¿Para qué sirve y cómo participa en la empresa? ¿Es necesario para el funcionamiento de la compañía? El inmovilizado inmaterial puede suscitar muchos interrogantes para cualquier director financiero. Se trata de un elemento que por su naturaleza no está necesariamente presente en el día a día de la compañía. A diferencia del inmovilizado material, compuesto, entre otros, por mobiliario, maquinaria o vehículos, el inmaterial es bastante menos reconocible. Sobre todo, para aquellas empresas que por su tamaño y volumen de facturación no están tan habituadas a esta clase de activos.

Como su propia denominación indica, inmovilizado, tiene un carácter duradero en la empresa, de manera que no está destinado a la venta, al menos en el corto plazo. Su función es permanecer en la sociedad conformando la estructura de la misma a largo plazo. Por lo tanto, esto quiere decir que se encuentra en el apartado del activo no corriente del balance. La segunda parte de su denominación, inmaterial, es la que le da el carácter de intangible, o sea, que no es físico, no tiene apariencia corpórea.

 

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Existe la tendencia a dar más valor al inmovilizado material que al inmaterial, pero puede ser muy positivo para una empresa contar con un inmovilizado intangible relevante, ya que le pueden otorgar a la empresa su carácter diferenciador respecto a otros competidores del sector. Dentro del inmovilizado inmaterial podemos encontrar casos como el desarrollo de un nuevo software informático que permita mayores ingresos para el negocio. O bien las inversiones en investigación con el objetivo de que puedan acabar dando resultados en forma de nuevas patentes o marcas. Éstos son ejemplos que ponen de manifiesto la relevancia que pueden adquirir estos intangibles para la compañía, así como a su vez contribuyen a dotar de más valor a la empresa.

Hay otra clave más que define este elemento del activo no corriente, que es la obligación de que los elementos que componen el inmovilizado inmaterial se puedan valorar económicamente. Esto no siempre es sencillo por la propia naturaleza de estos elementos. Sólo se contempla en el balance de la compañía en el supuesto de que haya implicado un gasto para la sociedad, ya sea por adquisición como por producción, y si a partir de éste se obtendrán beneficios, durante más de un ejercicio económico.

Elementos que componen el inmovilizado material

Los componentes más comunes son:

  • Propiedad industrial e intelectual: Se trata de la posesión, el derecho o la concesión de uso de las distintas formas de propiedad industrial o intelectual, tales como las marcas, patentes, nombres comerciales o los derechos de autor.
  • Gastos en I+D: Incluye los gastos incurridos en la investigación para descubrir nuevos conocimientos y/o procedimientos, así como los costes en desarrollo, o sea, de implementación de aquellos logros obtenidos en la investigación.
  • Fondo de comercio: Representa el valor que se le reconoce a la marca de la compañía. Se entiende como el conjunto de elementos tales como la clientela, nombre o razón social, localización, cuota de mercado, capital humano. Así como cualquier otro elemento de naturaleza similar -inmaterial-, que conlleve valor para la empresa. Sólo puede contabilizarse si ha sido pagado en una operación de adquisición de un negocio.
  • Aplicaciones informáticas: Recogen la propiedad o el derecho de uso de programas informáticos adquiridos o elaborados por la compañía.
  • Concesión administrativa: Se refiere a las licencias otorgadas por un organismo público a una empresa o particular para la gestión, explotación o disfrute exclusivo de un bien público.
  • Derechos de traspaso: Se trata de los derechos adquiridos en la cesión de un local de negocio hecha por el transmitente o antiguo arrendatario a un tercero, que es el adquirente y nuevo arrendatario, mediante una contraprestación. No se formaliza contrato nuevo, sino que el adquirente se subroga todos los derechos y obligaciones.
  • Leasing: Es un contrato de arrendamiento financiero. Sólo se entiende como inmovilizado inmaterial cuando la empresa haya ejercitado o vaya a ejercitar la opción de compra.

Conclusión 

Si bien es cierto que se trata de una inversión que, por lo general, no dará réditos inmediatos al negocio, puede ser una estrategia muy interesante a seguir para el medio y largo plazo. Esto puede marcar la posición dominante de la empresa en un futuro. Puede ser reflejo de la cultura de la compañía, así como la señal inequívoca de que, más allá de centrarse estrictamente en el proceso productivo o en la generación de un servicio, se ha apostado por la creación de valor.

 

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