Para arrancar, para crecer o consolidarse, para solucionar un problema de liquidez; en cualquier momento del ciclo de vida de la empresa puede ser necesario un préstamo.
En el mundo empresarial tener que solicitar un préstamo es prácticamente inevitable. En la mayoría de los casos ya es un paso previo al inicio de la actividad.  Es muy difícil que se pueda empezar un proyecto de empresa sólo con el capital propio. La financiación externa es necesaria.
Por esta razón, cuando llegue el momento, debemos tener todo lo mejor preparado posible para obtener un buen resultado. Las fuentes de financiación no son todas iguales y hay que elegir la que nos proporcione más agilidad y menor coste global.

La planificación del préstamo

Planteemos unas preguntas como punto de partida:

  • ¿Realmente se necesita el préstamo?  

El préstamo es una solución cómoda pero hay que pagarlo. Una situación temporal de falta de efectivo quizá pueda corregirse con otras acciones (por ejemplo, un anticipo de facturas pendientes de cobro).  En el inicio de la actividad o si vamos a ampliar el negocio con nueva inversión las dudas son menos.

En cualquier caso, hay que planificar bien el préstamo sabiendo en qué lo vamos a emplear y para qué.

  • ¿Qué tipo de préstamo necesitamos?

Según la fase de vida de la empresa (arranque, crecimiento o consolidación) podemos necesitar un tipo de financiación u otra. No es igual la necesidad de un activo no corriente (bienes de inversión) que una necesidad de circulante para cubrir los pagos inmediatos.  Según la actividad a financiar debemos planificar la estrategia para establecer la cantidad que vamos a solicitar, el tipo de interés que podemos pagar y los plazos de amortización (a corto o largo plazo).

  • ¿Podremos pagarlo?  

Es la pregunta clave. Hay que asumir que en lo sucesivo tendremos un gasto fijo más cada mes. El coste de la operación debe estar adaptado a nuestra situación económica. Debemos evitar compras de productos cruzados, una práctica muy habitual en las operaciones con los bancos, recurriendo a otros modelos de financiación menos restrictivos.

La contratación del préstamo

1)  La primera regla es estudiar bien el mercado para abarcar todas las posibilidades.

La inercia es acudir a los bancos, pero hay otras opciones de financiación alternativa para un préstamo muy interesantes.

En concreto, los préstamos a través de plataformas online como el crowdlending: útiles para cualquier necesidad de financiación de la empresa; de una forma rápida, transparente y a bajo coste. Sin la venta de productos cruzados como comentábamos antes.
En ciertos casos, se puede acudir a préstamos (o microcréditos) subvencionados con fondos públicos y que ofrecen un tipo de interés reducido. El problema es que están destinados a proyectos concretos, no son válidos para todas las empresas y están limitados a los fondos disponibles.

2)  Establecer los elementos fundamentales del préstamo.

  • Cantidad a pedir: La estimación debe ser muy detallada para que no se escape nada, pero sin pedir de más. Cada euro que pidamos tiene un coste.
  • Tipo de interés: El coste de nuestro préstamo, lógicamente debe ser el menor posible. Se puede establecer una horquilla de tipos asumibles para estudiar las ofertas.
  • Duración del préstamo: Irá determinado en función del tipo de financiación. Los préstamos para inversión necesitan más cantidad y plazos más largos. Hay que proponer un plan de pagos realista pero con cuidado de no alargar mucho la vida del préstamo (el tiempo es lo que más encarece un crédito).
  • Comisiones: Es fundamental no olvidarlas porque pueden encarecer mucho el préstamo. Especialmente en el entorno de la banca nos podemos encontrar con muchas comisiones: de estudio o de apertura, por cambio de condiciones y de amortización o cancelación anticipada.
  • Condiciones generales: Conocer bien las condiciones del préstamo para evitar sorpresas, como los intereses de demora.

El último consejo es tratar de no esperar al último momento. Empezar a estudiar las posibilidades con tiempo reduce los riesgos y permite escoger la opción más adecuada y al menor coste.  Las prisas son malas consejeras. Si la urgencia es inevitable, como hemos visto, hay soluciones rápidas y a bajo coste fuera del ámbito bancario.

 

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