Uno de las formas de retribución que mejor acogida puede tener entre los empleados es a través de aportaciones para planes de pensiones.  A efectos prácticos es uno de los mejores servicios que les puedes ofrecer. La fiscalidad de los planes de pensiones, hasta hace pocos años, era un elemento a favor, pero este trato fiscal favorable se ha modificado con las últimas reformas.

En la coyuntura actual, en la cual el sistema de la Seguridad Social no está en disposición de garantizar las pensiones del futuro, es recomendable contar con un sistema de ahorro periódico, complementario a la pensión pública, para el momento de la jubilación. Suelen ser planes flexibles y transparentes, que se pueden supervisar fácilmente, tanto por la empresa como por los trabajadores (o sus representantes).

Los planes de pensiones del tipo sistema de empleo, que son la modalidad de promoción empresarial, surgen a raíz de los compromisos que las empresas asumen con sus empleados y cubren la previsión social privada empresarial.

Las aportaciones a los planes de pensiones se consideran como parte del salario que se le paga a los trabajadores. Pueden ser aportaciones pactadas en el contrato de trabajo o recogidas en el convenio colectivo. En todo caso, al ser una contribución económica debe recogerse así en la nómina.

Fiscalidad: planes de pensiones

En el Impuesto sobre Sociedades, en relación a la fiscalidad de los planes de pensiones, la forma de valoración se rige de conformidad con el artículo 13.1.b) del Real Decreto Legislativo 4/2004, de 5 de marzo de 2004.

Según este artículo, las contribuciones de las empresas a los planes de pensiones para el empleo tienen la consideración de gasto fiscalmente deducible en este impuesto.  Además, debe imputarse individualmente a cada partícipe la parte que le corresponde sobre las cantidades del plan. Por tanto, para que sean deducibles, las aportaciones deben seguir estas normas:

  • Que sean imputadas fiscalmente a las personas a quienes se vinculen las prestaciones.
  • Que se transmita, de forma irrevocable, el derecho a la percepción de las prestaciones futuras.
  • Que se transmita la titularidad y la gestión de los recursos en que consistan dichas contribuciones.

 

La fiscalidad de los planes de pensiones se ha visto perjudicada por las modificaciones de los últimos años. El artículo 43 del Impuesto sobre Sociedades especificaba una deducción adicional, para las contribuciones empresariales a estos planes, de un 10 por ciento de las aportaciones realizadas. Pero este porcentaje se ha ido reduciendo desde el 2007, quedando anulado con efectos desde el 1 de enero de 2011, a través de la disposición final y derogatoria 2.2 de la Ley 35/2006, de 28 de noviembre: ref. BOE-A-2006-20764. Aunque las deducciones generadas en ejercicios anteriores, que no se hubiesen podido practicar a 31 de diciembre de 2010 por falta de cuota, podrán aplicarse en los ejercicios siguientes en los términos del artículo 44

 

Los planes de pensiones en las nóminas

Las contribuciones efectuadas por la empresa al plan de pensiones se consideran rendimientos íntegros para el trabajador (participe), y así se deben tratar para elaborar las nóminas. Se valoran por los importes efectuados

En este sentido, las empresas han perdido otra ventaja. El Real Decreto Ley 16/2013, ha modificado el tratamiento de los planes de pensiones que las empresas realizan a sus trabajadores y ahora se deben pagar cotizaciones a la Seguridad Social por esas cantidades. Hasta entonces, estas aportaciones se consideraban un salario diferido, y aunque se incluían en el IRPF como ingresos, estaban exentas del pago a la Seguridad Social. Ahora, al estar incluidas en la base de cotización, suponen el pago del 23,6% por este concepto, igual que para los otros elementos de la base

 

En resumen, la fiscalidad de los planes de pensiones ha dejado de tener un trato favorable en varios aspectos.  Aún así, es un elemento válido para ir generando fórmulas de retribución salarial más flexibles y, también, para fortalecer la imagen de la compañía al contribuir, con un sistema de promoción privada, a complementar al sistema público de pensiones. Esto último favorece la responsabilidad social de la empresa.

 

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