Para una pyme, la factura fiscal es una de las cargas más importantes para su negocio. La base de la aplicación de los impuestos se centra en dos ámbitos: pagar por adquirir una renta o pagar por la capacidad de utilizarla. Cada una de estas formas está representada a través de los dos grandes grupos de impuestos que afectan a la pyme: los impuestos directos e indirectos (especialmente el Impuesto sobre Sociedades en un caso, y el Impuesto sobre el valor Añadido -IVA-, en el segundo).

La distinción entre impuestos directos e indirectos la determina muy bien la Agencia Tributaria (AEAT) cuando nos dice que los impuestos directos son aquellos cuya aplicación se hace sobre una manifestación directa o inmediata de la capacidad económica como es la de tener patrimonio en propiedad o percibir una renta. Por otro lado, los impuestos indirectos tienen aplicación sobre manifestaciones indirectas o mediatas de la capacidad económica como es la circulación de riqueza ya sea por el hecho del consumo o de transmisión. En conclusión, los impuestos directos se aplican a la riqueza mientras que los indirectos a cómo se utiliza esa riqueza.

Clasificación de los impuestos directos e indirectos

Son impuestos directos:

  • Impuesto sobre Sociedades
  • Impuesto sobre la Renta de Personas Físicas
  • Impuesto sobre la Renta de no residentes
  • Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones
  • Impuesto sobre Patrimonio

En todos estos casos pagas por tener: por la obtención de un beneficio derivado de la actividad empresarial, por una renta personal o profesional, por una herencia o donación o por tu patrimonio.

En el ámbito local siguiendo la misma filosofía tienes: el Impuesto sobre la Actividad Económica (IAE), Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI) o el Impuesto sobre Vehículos de Tracción Mecánica (IVTM).

Son impuestos indirectos:

  • Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA)
  • Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados (ITPAJD)
  • Renta de Aduanas
  • Impuestos Especiales. Especialmente para una pyme: el de hidrocarburos y el de matriculación de vehículos.

En estos casos pagas por utilizar:.por adquirir suministros y medios para tu actividad empresarial (IVA), por las transmisiones de todo tipo de bienes y derechos, por realizar alguna operación de importación o exportación (Aduanas) o, por último, por la utilización de elementos como vehículos o combustibles (impuestos especiales).

 

La pyme ante los impuestos directos e indirectos

Ante los dos grandes impuestos para una empresa, tanto el Impuesto sobre Sociedades como el  IVA, caben algunas consideraciones.

España tiene de los impuestos más altos de la zona Euro pero está entre los países que menos recauda. Los técnicos de Hacienda, tras hacerse pública la lista de deudores, denuncian que las grandes empresas llegan a tributar por debajo de la mitad en comparación con una pyme. Sigue sin existir equidad en el esfuerzo fiscal entre los contribuyentes.

El IVA ha subido varios puntos desde la última reforma, hasta en 13 puntos porcentuales para algunos sectores. Dado que nuestra economía se asienta en la demanda interna es normal que crezca la recaudación y también el esfuerzo que hacen las pymes. Se necesita una revisión del IVA de caja para aumentar su efectividad y evitar la posición de fuerza de las grandes empresas con respecto a sus proveedores.

En el impuesto sobre sociedades no se ha rebajado el tipo que pagan las pymes (sigue en el 25%, aunque se hayan habilitado fórmulas para que la factura baje) y también ha sido negativa la eliminación de varias deducciones.

La economía española está constituida fundamentalmente por pequeñas y medianas empresas, que representan la principal fuente de desarrollo económico y de creación de empleo de este país. Las normativas en materia fiscal deben estar más dirigidas a la reactivación de las pymes. Hay que entender la importancia que tienen las leyes fiscales para el devenir de la economía española.

 

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