Las ventajas de la internacionalización

Como consecuencia lógica de la globalización de la economía y los mercados, la internacionalización es un objetivo al que aspiran muchas pymes españolas con el fin de conseguir los siguientes beneficios:

  • Encontrar una salida a la saturación del mercado doméstico. Hay muchos productos o sectores que han llegado a una etapa de madurez e incluso de declive dentro de nuestras  fronteras, lo que condena a las empresas a una tasa de crecimiento cero o negativa. En estos casos, la internacionalización puede aportar oxígeno a la pyme.
  • Diversificar el riesgo. Los ciclos económicos negativos o un cambio financiero o político pueden hacer peligrar la viabilidad de la empresa. Estos riesgos se reducen con un proceso de internacionalización, puesto que una mala situación en un país o región del mundo puede equilibrarse con la buena marcha de otro.
  • Generación de empleo de mayor calidad. En relación al punto anterior, las pymes que se encuentran inmersas en algún proceso de internacionalización, por ejemplo aquellas cuyos ingresos provienen mayoritariamente de sus exportaciones, suelen crear un empleo más estable y de mayor nivel de cualificación que el resto.
  • Mayor facilidad de acceso a materias primas y a las nuevas tecnologías. En ocasiones, a las pymes les resulta más rentable instalar sus centros de producción en los mismos países donde se producen las materias primas que precisan, o en los que hay mayores facilidades de acceso a los últimos avances tecnológicos.
  • Mejora de la imagen de marca. Una última ventaja es que las empresas con proyección internacional tiene más prestigio, por lo que automáticamente mejoran la imagen y el valor de su marca.

El proceso de internacionalización: fases y ayudas

Existen diversas modalidades o fases en un plan de internacionalización de una empresa. Cada pyme debe valorar qué tipo de proceso le conviene y a qué velocidad pretende embarcarse en su aventura internacional.

Las fases lógicas de un proceso de internacionalización son las siguientes:

  • Exportación ocasional. En las fases iniciales de un proceso de este tipo, las empresas suelen dar sus primeros pasos al otro lado de las fronteras de su país de origen con exportaciones puntuales de pedidos esporádicos que les van haciendo los importadores.
  • Exportación experimental. Aquí la empresa ya ha ido en busca de mercados para desarrollar una exportación a un nivel superior, incluyendo promociones en distintos países para lograr una expansión importante y continuada de su mercado.
  • Exportación regular. En esta fase la pyme, que ya ha creado departamentos estables de exportación y marketing internacional, comienza a estar preparada para exportar, de manera estable y continua, con clientes fijos de otros países.
  • Implantación de filiales de venta. En esta etapa la pyme comienza a abrir una o varias oficinas de ventas en el extranjero. Para ello debe realizar una importante inversión en recursos humanos y materiales pero, a cambio, puede lograr un gran control sobre la distribución y precios de venta de sus productos o servicios.
  • Establecimiento de filiales de producción. Las pymes que logran llegar a esta fase es porque han alcanzado un importante nivel de crecimiento y desarrollo, puesto que se trata de la internacionalización el centro de fabricación de sus productos, un proceso complejo en el que hay que valorar un gran número de variables: situación geopolítica del país, legislación laboral, precio de la mano de obra, etc.

 

La financiación en la internacionalización y ayudas existentes

Las exportaciones y otras fases de internacionalización son fundamentales para el desarrollo de las pymes, que así pueden abrirse a nuevos mercados. Pero para poner en marcha este tipo de proyectos, las empresas precisan reforzar su operativa, en la mayor parte de ocasiones mediante financiación o crédito.  

Ante la falta de respuesta de los bancos y entidades financieras por las restricciones del crédito, una alternativa muy ágil, transparente y eficaz es la financiación complementaria del crowdlending, que se basa en las aportaciones de pequeños inversores.

Asimismo existen ayudas internacionales procedentes del ICEX y otros organismos que ofrecen asesoramiento, subvenciones, créditos blandos y otro tipo de ayudas específicas para cada una de las fases de internacionalización, existiendo también ayudas autonómicas que están incluidas en esta guía del Ministerio de Industria, Energía y Turismo.

 

La agrupación de empresas: el caso de Alfalum

Pese al gran esfuerzo que están realizando muchas pymes españolas para internacionalizarse, su pequeño tamaño y limitaciones a nivel de recursos humanos, de infraestructuras y financieros les imposibilita acceder a todas las fases del proceso. Para superar estos problemas, algunas empresas optan por unir fuerzas, estableciendo diversos mecanismos de cooperación empresarial como consorcios, clusters o la utilización de consultoras de comercio exterior.

La Asociación Española de Fabricantes de Iluminación (Anfalum) constituye un buen ejemplo de cooperación para aprovechar las oportunidades de expandirse en el mercado internacional de este sector.

La internacionalización puede ser una aventura apasionante para un pyme y una gran oportunidad de crecimiento. No obstante, es un proceso complejo, que requiere de un exhaustivo trabajo previo que incluye estudios de mercado internacionales y la realización de complejas gestiones burocráticas para acceder a las diversas ayudas y subvenciones e introducirse en los mercados internacionales. En este sentido, la ayuda de una asesoría especializada suele ser la solución más eficaz, rápida y práctica.

 

Post relacionados:

CTA PLAN GESTION FINANCIERA A CP