Las reforma fiscal de 2014 (y las adaptaciones de este año) han supuesto modificaciones destacables en los impuestos directos importantes para las empresas y autónomos: el impuesto sobre la renta (especialmente para los autónomos) y el impuesto sobre sociedades (IS). Esto implica preparar algunas estrategias para adaptarse a las novedades en estos impuestos.

Señalamos algunos aspectos relevantes de estas reformas para empresas y autónomos, con el fin de ser tenidas en cuenta en su planificación fiscal.

Impuesto sobre la renta (IRPF)

  • ¡Ojo con las sociedades civiles! A partir de enero de 2016 cambian su tributación. Los socios dejan de tributar en régimen de atribución de rentas (por IRPF) y pasan a la tributación por el  IS (Impuesto de Sociedades).
  • Las retenciones han cambiado en Julio. Esto es especialmente relevante para los autónomos profesionales que están obligados a retener. La retención a aplicar pasa del 19% al 15% (del 9 al 7% para autónomos en los primeros años de actividad). También afecta a las facturas de los arrendamientos de locales.
    Tablas de retención
  • Se mantiene la deducción por gastos de difícil justificación (el 5% del total) pero limitada a 2000€.
  • Se establece una reducción del rendimiento neto de las actividades económicas si se cumplen ciertos requisitos y circunstancias.
  • Se restringe la utilización de la tributación por módulos. Aunque posteriormente se ha enmendado la reforma,  manteniendo  hasta el 2018 el límite de 250.000€ de cifra de negocio (en la reforma se preveía un límite de sólo 150.000€). Asimismo, no podrán   seguir acogiéndose a este régimen  varias actividades, muchas de ellas  ligadas a la construcción (carpintería metálica, pintura, fontanería, montajes…)

Impuesto sobre sociedades (IS)

  • Antes de la reforma, el  tipo de gravamen  general para las pymes era del 25% para los beneficios inferiores a los 300.000 euros y para el resto el 30%. Ahora se aplicará el 25% en todos los casos (también grandes empresas), con un período de transición de 2 años (este año un 28%, el siguiente el 25%).
  • Para las empresas de nueva creación se aplica un tipo reducido del 15% (será de un 20% en caso de beneficios superiores a 300.000 euros), durante dos años, el primer ejercicio positivo y el siguiente.
  • Reserva de nivelación: Permite a las pymes reservar beneficios para posibles pérdidas futuras (durante cinco años). Esta reserva se puede deducir de la base imponible y tiene como límite el 10% de dicha base, con un máximo de un millón de euros. Así, se puede optar por no tributar, temporalmente,  por estos beneficios.
    Hay que tener en cuenta que, si no hay pérdidas a compensar, se tributará por esa cantidad al cabo de los cinco años.
  • Reserva de capitalización: Desde 2012 se ha ido anulando la deducción sin límites de los intereses financieros, lo que implicaba, en ocasiones, la preferencia por la financiación externa. Ahora se pretende fomentar el ahorro empresarial y la capitalización. Con esta nueva reserva, se pueden deducir, de la base imponible positiva, el 10% de la cantidad que se destine a ella.
  • En general se han cambiado o eliminado bastantes deducciones y conviene estudiar cuáles nos afectan más y modificar estrategias si fuera preciso. Por ejemplo:
    • Se limita al  1% de la cifra de negocio la deducción por gastos de representación de la empresa. Un tipo de gasto del que se solía abusar al no tener que justificarlo.
    • La inversión en I+D+i  conviene aprovecharla, no sólo porque sigue generando deducción sino porque es una práctica muy positiva para relanzar la competitividad de las compañías.
    • Habrá también deducciones por incentivos al mecenazgo.
  • Bases imponibles negativas. El aumento de los porcentajes de compensación será gradual; con máximos del  60% en 2016 y el 70% en 2017.

Otras consideraciones

  • Si por dificultades de tesorería de la empresa no se puede hacer frente a los impuestos existe la opción de solicitar un aplazamiento a Hacienda. Aunque las entidades bancarias no ven bien esta medida.
  • Se debe hacer una buena gestión del tiempo durante la época de presentación de declaraciones para evitar excesivas cargas de trabajo.
  • En la planificación general de impuestos se deben tener en cuenta  los impuestos directos locales, como el Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI) y el Impuesto sobre los Vehículos de Empresa (IVTM).

En el mundo de las pymes, sobre todo las más pequeñas, existe la costumbre de pensar que la planificación fiscal sólo es útil para las grandes compañías. Pero una buena gestión de  impuestos les favorece la optimización de la tesorería y es un hábito que deberían integrar en su día a día.

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