Contar con un buen asesor fiscal es una cuestión básica para la buena marcha de un negocio, puesto que, además de ahorrarte mucho tiempo que podrás dedicar a acciones que de verdad mejoren y aporten valor a tu empresa, puede llegar a ser tu mejor inversión. Esto ocurre porque un buen asesor fiscal, sobre todo si es competente y está al día de las últimas novedades en materia fiscal, puede llegar a ahorrarte mucho dinero mediante desgravaciones, subvenciones y otras cuestiones relacionadas con la compleja, laberíntica y cambiante normativa fiscal.

Es posible que te hayas percatado que al hablar de asesor fiscal hemos utilizado los adjetivos bueno y competente. Y podemos asegurarte que no lo hemos hecho por casualidad, ya que el quid de la cuestión no está en tener un asesor fiscal “a secas”, sino en contar con los servicios de un óptimo asesor fiscal.

Si buscamos una definición concreta para este profesional, el asesor fiscal sería quien presta asesoramiento o consejo en cuestiones sobre todo de materia tributaria. En la práctica, esto supone que el asesor fiscal juega un papel muy relevante en tres cuestiones:  la situación fiscal de su cliente, la buena marcha de su economía personal o la de su negocio, y el adecuado cumplimiento de sus deberes tributarios, evitando así sanciones, recargos y multas.

Preguntas para saber si tu asesor fiscal es bueno

Para valorar las competencias de tu asesor fiscal lo mejor es que te hagas las siguientes 5 preguntas:

  1. ¿Me informa de las subvenciones existentes para mi actividad cada cierto tiempo?
  2. ¿Me comunica de todos los cambios legales que afectan al sector al que se dedica mi empresa?  Y  sobre todo… ¿lo hace con tiempo suficiente para poder adoptar las medidas oportunas?
  3. ¿Ha conseguido reducir a cero el número de sanciones por parte de Hacienda, la Tesorería o algún otro departamento gubernamental como consecuencia de una mala gestión? Por ejemplo: un retraso en algún pago o un impuesto pasado por alto.
  4. ¿Me ha propuesto cambios que han repercutido en un ahorro de dinero para mí o mi empresa?
  5. ¿Tiene la costumbre de comentarme las resultados de las declaraciones fiscales antes de presentarlas?

Si todas, o al menos la mayoría de estas respuestas son afirmativas, entonces no te preocupes: cuentas con los servicios de un buen asesor fiscal. Pero si predominan los no, quizás ha llegado el momento de un cambio.

 

Funciones de un buen asesor

Las funciones de un asesor fiscal profesional son diversas, por lo que para su correcta clasificación debemos agruparlas en 4 tipos o categorías:

  • Asesoramiento o consultoría. Básicamente, se trata de la adopción de las mejores decisiones para la empresa de carácter económico y fiscal, tratando de obtener los mejores beneficios y ventajas fiscales para el cliente, en base, por supuesto, a la normativa en vigor en cada momento.  
  • Asistencia técnica. Aquí se incluyen tareas administrativas y burocráticas enfocadas en el cumplimiento estricto de las obligaciones fiscales: autoliquidaciones, declaraciones del IVA y el IRPF, etc.
  • Defensa de los derechos del cliente. Ciñéndose en todo momento y de manera estricta a la normativa vigente, el asesor fiscal debe velar por la defensa y reconocimiento de los derechos de su cliente.
  • Representación. Aunque el objetivo y misión principal del asesor fiscal es la de asesorar y aconsejar a su cliente, esto no es óbice para que también pueda actuar, siempre que se le otorgue el poder correspondiente, como representante de este.

 

Responsabilidad de un asesor fiscal

Fundamentalmente, el asesor debe informar a su cliente, especialmente en lo que se refiere a normativa tributaria fiscal, con el objetivo de que pueda tomar las decisiones que le resulten más favorables económicamente. Por supuesto, dentro de los límites marcadas por la Ley.

El asesor fiscal es, por lo tanto, el encargado de analizar cada situación y plantear a su cliente las posibles soluciones existentes y cuál, en su opinión, constituye la mejor opción, ayudándole posteriormente en su ejecución.  

Por lo tanto, en principio el asesor no sustituye al cliente ni lo representa, salvo en los casos que se haya determinado de manera expresa.

 

Entonces… ¿qué ocurre si el asesor comete algún error?

En el supuesto que al asesor fiscal se le olvide, por ejemplo, de cumplimentar o presentar alguna declaración trimestral del IVA, el impuesto de sociedades o cualquier otra obligación tributaria, o bien lo haga fuera de plazo, llega la pregunta clave: ¿Quién es el responsable?

En estos casos el fisco lo tiene muy claro, sin que exista ninguna duda ni excepción: es el contribuyente (en este caso el cliente del asesor fiscal) quien corre con las consecuencias y, por lo tanto, no tendrá más remedio que afrontar la sanción y recargo correspondiente.

La única vía que le queda al cliente es poner una reclamación al asesor y pedirle responsabilidades, con la consiguiente pérdida de tiempo y dinero y sin tener garantías de que esta acción prospere. Para estos casos es conveniente asegurarse de que el asesor o la asesoría tenga contratado algún tipo de seguro de responsabilidad civil que responda ante estos casos, haciéndose cargo de la totalidad de los gastos o con una indemnización.
Por todo ello, nuestro consejo es buscar un buen asesor, analizando las preguntas planteadas en el comienzo en el artículos y asegurándose de que tiene contratado un seguro de responsabilidad civil que se asumirá las consecuencias derivadas de algún error o negligencia cometido por el asesor en el transcurso de su actividad profesional.

 

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